Se avecina el mes de diciembre, mes de parranda y animación como dice una canción, pero al mismo tiempo es el mes con el que cerramos un año y con el dejamos atrás los pesares y tristezas, los familiares y amigos que se han ido definitivamente, pero también es el mes que trae consigo celebraciones y fiestas que nos han de dar ánimo , alegría y felicidad.
Recién hemos celebrado el día de acción de gracias, fiesta tan sagrada en este país que nos invita a dar gracias a Dios y a la vida que nos han dado tanto , se dice que por esto este país es tan rico, porque al menos tiene un día especifico para dar gracias; ser agradecido es dar la bienvenida a la abundancia, es además una fiesta para compartir y estrechar los lazos de amistad y de familia, es una celebración para estar juntos, para dialogar e intercambiar experiencias y sonrisas.
Pero viene también fiestas de carácter religioso y espiritual, diciembre esta pleno de sentimiento religioso. El ocho de diciembre celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción, Maria, por especial privilegio de Dios, fue preservada de toda mancha de pecado original en vistas a la tarea que Dios le asignaría: ser la madre de su Hijo único, nos unimos en torno a la madre. La fiesta de Guadalupe es también un rendir homenaje a la Santísima Virgen , pero aquí con un carácter, un tono muy hispano, en Guadalupe, la Virgen María se identifica , incluso físicamente con nuestro pueblo Hispano, ella es patrona de América Latina y el caribe. En su aparición en el Tepe-yac en el 1532 ella comunica un mensaje que cruza el tiempo y llega hasta nosotros y nos dice: “No os inquiete ninguna preocupacion, Yo estoy aquí” es un mensaje de solicitud y preocupación por nosotros sus hijos. Como comunidad hispana nos encontraremos unidos en torno al Obispo diocesano para rendir homenaje a la reina del cielo.
El 16 de diciembre iniciaremos la novena o posadas como preparación al nacimiento del Salvador , de nuevo nos uniremos a María en esa preparación inmediata a la llegada de nuestro Dios. También se invita a que en familia o con nuestros vecinos nos unamos en oración junto al pesebre y nos dispongamos a recibir al niño Jesús.
El día de nochebuena nos encontraremos en nuestras iglesias y también en fami-lia recibiendo y acogiendo en nuestro Corazón al Emmanuel, al Dios humanado, al Dios con nosotros, es también una fiesta, podríamos decir la mas grande fiesta para nosotros los cristianos, el mismo Dios sempiterno, creador de todo cuanto existe asume nuestra na-turaleza frágil, se hace como uno de tantos para redimir nuestra naturaleza y darnos de Nuevo nuestra condición divina, es el misterio por excelencia ante el cual como los pastores hemos de postrarnos y adorar. Allí en la cueva de Belén nace en condiciones de pobreza y humildad el Salvador del mundo.
Vienen luego las fiestas de la sagrada familia, las fiestas de año Nuevo. Se me hace bien particular el hecho que todas estas fiestas si bien giran en torno al hijo único de Dios, allí en todas ellas esta también Maria, nuestra madre, son fiestas muy marianas, podríamos decir que nos están enseñando el valor de la madre, de la mama, de que ellas son como nuestros ángeles guardianes, nuestras protectoras, celebrar a la Virgen es celebrar a la madre, bueno es volver nuestra Mirada y nuestro Corazón sobre aquella figura materna que tanto tiene que ver en nuestras vidas y de cuyo regazo siempre estaremos necesitando.
Dispongamos pues, nuestro Corazón a estos acontecimientos, preparémonos fervorosamente, que no solo se trate de comprar para regalar, que prevalezca el sentimiento religioso, a eso nos invita el tiempo litúrgico del Adviento que estamos iniciando. Jesús viene de Nuevo, te da un Nuevo chance, abrele tu Corazón y siente la alegría que esta por encima de toda otra, si Cristo no esta en nuestras vidas, por mucho que tengamos materialmente hablando nuestro Corazón estará siempre clamando por aquello que verdaderamente le sentido y este solo puede ser Dios.